Los primeros relojes de pulsera

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Los primeros relojes de pulsera

Un reloj de pulsera es un regalo con el que siempre se acierta y eso es algo que comprobamos a diario en nuestra joyería relojería en Haro. En Navidad, por el cumpleaños, etc.,  regalar un reloj es una forma de decirle a quien se lo entregamos que es alguien que nos importa. Precisamente por ese significado especial, también es costumbre regalar un reloj en ocasiones muy especiales: Una pedida de mano, al homenajear al compañero que se jubila…

Pero en nuestra joyería y relojería en Haro nos hemos dado cuenta de que aún hay mucha gente que desconoce el origen del reloj de pulsera. Habitualmente, cuando oímos hablar de relojes antiguos es casi inevitable que la imaginación se nos vaya hacia la imagen de los relojes de bolsillo que llevaban nuestros tatarabuelos. Poca gente sabe que el primer reloj de pulsera de la historia lució en el brazo de Carolina de Nápoles, reina y hermana del emperador Napoleón Bonaparte, a principios del siglo XIX, pero aparte de algunas damas de la alta sociedad de la época, aquel invento tuvo poco éxito.

Hubo que esperar casi un siglo para que, con los inicios de la aviación, algunos pilotos se quejaran de lo complicado que resultaba consultar el reloj de bolsillo mientras se estaba a los mandos de aquellos primeros aviones que pugnaban por abrir nuevas rutas. Uno de estos pilotos, el brasileño Alberto Santos Dumont, conocía a uno de los principales fabricantes de relojes, el francés Louis Cartier, y fue este el que diseñó especialmente para su amigo un reloj cuadrado que se podía ajustar fácilmente a la muñeca utilizando una correa de cuero.

Poco a poco el reloj de pulsera se fue haciendo cada vez más popular dejando de ser un elemento distintivo de las clases más adineradas. Ven a Óptica Santamaría si tienes que hacer un regalo especial.